– Bruno, hay una cosa que tenemos que comentar. Es realmente gracioso, de verdad, y…

– ¡Oye, Bruno! -Otro hombre enorme, éste con el pelo rojo, se acercó a ellos. Recorrió a Gracie con la mirada y luego la volvió a Bruno con aire crítico.

– No lleva suficiente maquillaje. Sabes que a Bobby Tom le gustan las mujeres maquilladas. Y espero que sea rubia bajo esa peluca. Y también que tenga tetas. Esa chaqueta es tan floja que no se sabe que tiene. ¿Tienes tetas, muñeca?

Gracie no sabía que la asombraba más, que le preguntaran si tenía tetas o que la llamaran muñeca. Se quedó momentáneamente sin palabras.

– Bruno, ¿a quién tienes aquí?

Le dio un vuelco en el estómago al oír la voz de Bobby Tom. Él se había acercado al borde de la plataforma del jacuzzi y la miraba con gran interés y algo casi parecido a la especulación.

Bruno palmeó el radiocasete.

– Lo chicos y yo pensamos que estaría bien un poco de diversión.

Gracie observó con creciente temor como una amplia sonrisa se extendía por la cara de Bobby Tom, revelando unos dientes blanquísimos. Sus ojos encontraron los de ella, que sintió como si caminara demasiado rápido en una cinta móvil.

– Acércate aquí, cariño, para que el viejo Bobby Tom te pueda echar un vistazo antes de que comiences. -Su suave voz con acento texano recorrió su cuerpo e hizo desaparecer su habitual sentido común, por lo que dijo lo primero que le pasó por la mente.

– Yo… ehhh… tengo que ponerme primero más maquillaje.

– No te preocupes por eso ahora.

Dejó escapar súbitamente un pequeño grito de consternación cuando Bruno la empujó el trecho que le faltaba por recorrer. Antes de que pudiera echarse para atrás, la gran mano de Bobby Tom se cerró alrededor de su muñeca. Con frialdad, ella miró hacia abajo, a los dedos largos y afilados que sólo momentos antes habían moldeado el trasero de Julie y que ahora la izaban a su lado en la plataforma.



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