
– Dejadle sitio a la dama, chicas.
Alarmada, observó como las mujeres dejaban el jacuzzi para observarla. Intentó explicarse.
– Sr. Denton, es necesario que le diga…
Bruno presionó el botón del radiocasete, y su voz quedó ahogada por completo por la áspera música de “The Stripper”. Los hombres comenzaron a ovacionar y silbar. Bobby Tom le dirigió un guiño alentador, la soltó y se dio la vuelta para sentarse en una de las grandes rocas redondeadas y observar la función.
Sus mejillas ardieron ruborizadas. Permaneció de pie, sola, en medio de la plataforma del jacuzzi, con todos los ojos de la habitación clavados en ella. ¡Todos esos especimenes con un físico perfecto estaban esperando que ella, la imperfecta Gracie Show, se desnudara!
– ¡Vamos, cariño!
– ¡No seas tímida!
– ¡Muévete, cariño!
Mientras algunos de los hombres hacían ruidos animales, una de las mujeres puso los dedos entre los labios y silbó. Gracie los contempló con impotencia. Comenzaron a reírse, como cuando en su clase de inglés de segundo año de secundaria se había reído cuando los algodones que acolchaban su sujetador habían cambiado de posición. Eran adultos en una fiesta de animales comportándose conforme a su especie, y aparentemente pensaban que iba a renunciar.
Mientras seguía allí, paralizada delante de ellos, la idea de ser confundida con una stripper se volvió repentinamente menos bochornosa que pensar en explicar a toda esa gente, a gritos sobre la música, lo que realmente le había traído hasta allí, provocando que se dieran cuenta de lo paleta que era.
No más de cinco metros la separaban de Bobby Tom Denton, y supo que todo lo que tenía que hacer era acercarse lo suficiente como para susurrarle su identidad. En cuanto él supiera que era Windmill quien la había enviado, él sentiría tanta vergüenza por su error que la ayudaría a salir discretamente y cooperaría con ella.
