
Con una serie de torpes movimientos, ella se acercó contoneándose, tratando de ignorar los exagerados abucheos que comenzaba a proferir la audiencia.
– Realmente bien -dijo él-. Creo que nunca vi nada que me gustara tanto.
Con un contoneo final de caderas, llegó a su lado, con todo salvo la chaqueta, y forzó sus labios tensos con una sonrisa. Desafortunadamente, cuando ella se inclinó hacia adelante para murmurar lo que pasaba en su oído, su mejilla rozó el ala del stetson, inclinándolo. Con una mano, él lo enderezó mientras, con la otra, la ponía sobre su regazo.
La fuerte música ocultó su chillido de protesta. Ella se quedó por un momento aturdida y muda ante las sensación de su cuerpo duro bajo el suyo y la pared sólida de su pecho presionando contra su costado.
– ¿Necesitas ayuda, cariño? -Dirigió su mano al botón superior de su blusa.
– ¡Oh, no! -protestó ella agarrando firmemente su brazo.
– Un espectáculo muy interesante, cariño. Un poco lento, pero probablemente eres principiante. -Le mostró una amplia sonrisa que tenía más regocijo que lascivia-. ¿Cómo te llamas?
Ella tragó saliva.
– Gracie…, esto…, Grace. Grace Snow. Señorita Snow -completó, en un intento tardío de poner algún tipo de distancia entre ellos-. Y no soy…
– Señorita Snow… -arrastró las palabras, saboreándolas como si fueran un vino de solera. El calor de su cuerpo enturbiaba su cerebro e intentó escapar de su regazo.
– Sr. Denton…
– Ve al grano, querida. Los chicos se impacientan. -Antes de que lo pudiera detener, le abrió el botón del cuello de su blusa blanca de poliéster-. Debes ser nueva en esto. -La punta de su dedo índice exploró el hueco de la base de su garganta, haciéndola temblar-. Pensé que conocía a todas las chicas de Stella.
– Sí, yo…, digo no, yo no soy…
– No te pongas nerviosa ahora. Estás haciéndolo genial. Y tienes unas piernas muy bonitas, si no te importa que te lo diga. -Sus ágiles dedos abrieron el siguiente botón.
