
– ¡Sr. Denton!
– Señorita Show.
Ella vio la misma diversión que había notado en sus ojos un rato antes cuando estaba examinando a Julie sobre fútbol, y se dio cuenta de que había desabotonado otro botón, exponiendo su sujetador de color melocotón, con su gran escote central y su borde de encaje. Ropa interior provocativa era una cosa tonta en una mujer fea, por tanto era un secreto celosamente guardado. Boqueó con repentina vergüenza.
Un ronco bullicio aumentó entre la gente, pero no fue en respuesta a su sujetador color melocotón, sino a una de las mujeres que sobre la mesa de billar se había quitado la parte superior del bikini y lo hacía girar sobre su cabeza. Gracie se dio cuenta de inmediato que esa mujer necesitaría algo que recogiera más que su sujetador.
Los hombres batieron palmas y gritaron. Ella intentó agarrar su blusa firmemente para cerrarla, pero Bobby Tom atrapó sus dedos, sujetándolos suavemente con la palma de su mano.
– Parece que Candi se te adelantó señorita Show.
– Creo…, es mejor…, -tragó saliva-. Hay una cosa que debería comentarle. En privado.
– ¿Quieres bailar para mi en privado? Es realmente dulce, pero mis invitados se desilusionarían si viera algo que ellos no pudieran ver.
Ella se dio cuenta de que él había desabrochado el botón de la cinturilla de su falda y bajaba la cremallera.
– ¡Sr. Denton! -Lo dijo más alto de lo que pretendió y los invitados de las cercanías se rieron.
– Llámame Bobby Tom, cariño. Todo el mundo lo hace. -Las esquinas de sus ojos se arrugaron como si él se estuviera riendo de un buen chiste privado-. Mira que interesante. Creo que nunca conocí a una stripper que llevara pantys.
– ¡No soy stripper!
– Claro que lo eres. ¿Por qué si no estarías desnudándote delante de un montón de futbolistas borrachos?
