
– Caramba, no.
– Me lo figuraba.
– No veo que importancia puede tener. Todas las películas son iguales, todo lo que se tiene que hacer es dar una patada en el culo a alguien y desnudar a un par de mujeres. Caramba, yo lo llevo haciendo desde los ocho años.
Ese tipo de comentarios era típico de Bobby Tom Denton, y Jack sonrió. A pesar de lo que su cliente dijera, quería creer que Bobby Tom tenía intención de hacer una película de éxito. Lo conocía lo suficiente como para saber que no iba a cobrar por algo que no tuviera intención de hacer lo mejor posible, desde comprar tierras hasta acciones de nuevos negocios. Aunque de todas maneras se estaba tomando su tiempo.
Jack se reclinó en su silla.
– Hablé con Willow Craig de Windmill hace un par de horas. Es una mujer tremendamente infeliz, sobre todo desde que insististe en que los exteriores se rodaran en Telarosa.
– Necesitaban un pequeño pueblo en Texas. Sabes lo mal que va allí la economía.
– Creía que intentabas mantenerte alejado de allí algún tiempo, especialmente con toda esa locura del festival para revitalizar el pueblo.
Bobby Tom se estremeció.
– No me lo recuerdes.
– Pero el hecho es que tienes que ir allí. Windmill ya ha trasladado al equipo y todos los empleados, pero como tú no estás aún no pueden empezar.
– Les dije que iba a ir.
– Igual que les dijiste que ibas a ir a todas esas pruebas de vestuario que habían programado hace dos semanas en Los Ángeles.
– No quería parecer un jodido pollo relleno. Caramba, tengo el mejor guardarropa de la NFL. ¿Para qué necesito pruebas de vestuario?
Jack se rindió. Como siempre, Bobby Tom iba a hacer las cosas a su manera. A pesar de toda su superficial amabilidad, el texano era testarudo como una mula y no le gustaba que lo presionaran.
Bobby Tom bajó las botas del escritorio y lentamente se levantó. Aunque lo ocultaba perfectamente, Jack sabía cómo se había sentido por su retirada forzosa.
