
Bobby Tom se paró en la puerta y le dirigió a su agente la mirada; la mirada penetrante de sus ojos azules que todos los defensas de la liga habían aprendido a temer.
– Llama a esa gente de Windmill ahora mismo y diles que no venga ese guardaespaldas.
Aunque la petición fue dicha con suavidad, Jack no se engañó. Bobby Tom siempre sabía exactamente lo que quería y generalmente lo obtenía.
– Me temo que ya hay alguien en camino. Y es un escolta, no un guardaespaldas.
– Les dije que yo iría a Telarosa, y lo haré. Si aparece un maldito guardaespaldas y cree que puede darme órdenes, será mejor que sea un hombre tenaz porque, de otra manera, volverá con mis iniciales grabadas en el trasero.
Jack miró el sobre amarillo que tenía delante y decidió que ese no era el mejor momento para decirle a Bobby Tom que el “hombre tenaz” que enviaba Windmill Studios respondía al nombre de Gracie Show. Mientras deslizaba el sobre debajo de una carpetilla deseó que la señorita Show tuviese un buen culo, unas tetas de infarto y los instintos de una piraña. De cualquier otra manera, no iba a tener ninguna posibilidad contra Bobby Tom Denton.
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El pelo de Gracie Show era un desastre. Mientras la húmeda brisa nocturna de principios de julio empujaba un mechón de su pelo castaño cobrizo delante de sus ojos, decidió que debería haberse pensado mejor lo de confiar en un peluquero llamado Mister Ed. Sin embargo, no creía que se debiese hacer hincapié en algo tan negativo, así que en vez de pensar en la desastrosa permanente, cerró la puerta del coche de alquiler y caminó por la acera en dirección a la casa de Bobby Tom Denton.
