
Media docena de coches estaban aparcados en el curvo camino de acceso, y al acercase a la estructura de madera y vidrio que asomaba sobre el lago Michigan, oyó música sonando con gran estruendo. Eran las nueve y media. Desearía poder posponer el encuentro hasta el día siguiente, cuando estuviera más descansada y menos nerviosa, pero simplemente no podía darse el lujo de disponer de tiempo. Necesitaba probar a Willow Craig lo eficazmente que podía solucionar su primera responsabilidad real.
Era una casa inusual, baja y armónica, con el tejado en un ángulo agudo. Las puertas principales estaban lacadas y tenían unos pomos de aluminio que parecían huesos. No podía decir que la casa fuera precisamente de su gusto, pero era interesante. Tratando de ignorar las mariposas de su estómago, resueltamente presionó el timbre y estiró con fuerza la chaqueta de su mejor traje azul marino, sin forma y con una falda que no era ni larga ni corta, sino simplemente pasada de moda. Deseó que la falda no se hubiera arrugado tanto en el vuelo de Los Angeles al Aeropuerto O’Hare de Chicago, pero la ropa nunca había sido lo suyo. Algunas veces pensaba que su sentido de la moda se había atrofiado al haber crecido con tanta gente mayor alrededor, porque siempre parecía ir al menos con dos décadas de retraso.
Cuando presionó el timbre otra vez, creyó oír la reverberación de un gong desde el interior, pero la música era tan fuerte, que no estuvo segura. Un pequeño hormigueo de anticipación recorrió su cuerpo. La fiesta sonaba salvaje.
Aunque Gracie tenía treinta años, nunca había asistido a una fiesta salvaje. Se preguntó si habría películas pornográficas y platitos con cocaína pasándose entre los invitados. Estaba casi segura de que lo desaprobaría, pero no tenía en realidad ningún tipo de experiencia al respecto, así que se reservó la opinión. Después de todo, ¿como iba a forjarse una nueva vida si no estaba abierta a nuevas experiencias? No era que fuera a experimentar con drogas, pero, en lo que respecta a películas pornográficas…, quizá pudiera echar una miradita.
