
Cuando la mujer atareada se alejo y el hombre alto se inclinó para hacerle un comentario a la mujer anciana, Farran tuvo la oportunidad de mirarlos bien. La nariz recta y barbilla firme eran como las recordaba, y además parecía pasar mucho tiempo al aire libre, ya que su cabello rubio estaba aclarado por el sol.
Adivinó qué tendría más de treinta años; ¿acaso era el hijo de la mujer de aspecto amargado? Si ésta era contemporánea de la tía Hetty, más bien sería el nieto que el hijo. Pero como también parecía estar amargado, por lo menos en la iglesia, debían estar emparentados entre sí.
Farran volvió la cabeza con rapidez cuando creyó que la miraría. Justo en ese momento, una mujer robusta trajo una bandeja y se paró frente a la chica.
– ¿Quiere una taza de té? -preguntó la mujer.
– Ahora no, gracias -declinó Farran con cortesía. Como era la representante de la familia, supuso que debía hallar a la señora King para agradecerle el haber hecho todos los preparativos del entierro-. ¿Es usted la señora King? -inquirió con suavidad.
– Soy la señora Allsopp -se presentó-. Hacía la limpieza para la señorita Newbold los lunes y los jueves -al percatarse de la pregunta hecha con voz baja por Farran, se dio cuenta de que la chica no quería atraer la atención y añadió con voz aún más baja-: No conozco a ninguna señora King, pero si quiere puedo preguntar quién es.
– No, todo está bien -Farran pensó que, como era martes, ninguna otra persona más que la señora King habría podido organizar que la señora Allsopp sirviera el té ese día.
La señora Allsopp se alejó y Farran recordó que la tía Hetty le mencionó el nombre de la señora de la limpieza, pero, como la chica sólo la visitaba los fines de semana, nunca tuvo oportunidad de conocerla.
Farran no tenía ganas de ir al piso superior para hurgar en las pertenencias de la tía Hetty, pero no podía regresar a Banford sin el testamento. A pesar de que lo que pensaba hacer no le parecía "muy correcto", decidió que, debido a su relación con Georgia y su padre, teñía más derecho que nadie a entrar en los cuartos de la casa.
