– Todavía no sabes de lo que quiero hablarte -sonrió Georgia.

– No, pero tengo la sensación de que lo remediarás de inmediato -contestó la chica. Su sonrisa desapareció al enterarse de lo que tenía en mente su hermanastra.

– La cosa es que hoy visité a mi abogado para ver si se puede rebatir el testamento de la tía Hetty.

– ¿Rebatirlo? -exclamó Farran al percatarse de que Georgia no dejaría en paz el asunto, como le pareció antes. El corazón de Farran se hundió, pues sabía, por su recuerdo, que Stallard Beauchamp no era un hombre a quien sería fácil combatir.

– No te preocupes, no tendremos líos en cortes ni juzgados… no irá tan lejos el asunto -aclaró Georgia-. Primero, porque nunca podríamos pagar si perdiéramos el caso y, como Stallard Beauchamp tiene mucho dinero, sin contar la fortuna de la tía Hetty, puede contratar al mejor de los abogados, así que tal vez de todos modos perderíamos. Yo…

– ¿Stallard Beauchamp tiene mucho dinero? -interrumpió Farran-. ¿Cómo lo sabes?

– Al parecer, todo lo saben… menos nosotros. De acuerdo con mi abogado, él es quien dirige a Deverill Group.

– ¿Deverill Group? -gimió Farran, atónita-. ¿Te refieres a los banqueros e industriales? ¿A los…?

– Así es. Es por eso que no puede necesitar la fortuna de la tía Hetty y, como tú ya lo conociste… -de pronto, dudó, como si, al llegar al punto culminante, buscara la manera más sutil de exponer el resto de su idea.

Por lo que había dicho hasta ahora, a Farran se le pusieron los pelos de punta. Sabía que no le agradaría la respuesta, pero de todos modos le hizo la pregunta.

– ¿Qué quieres que haga?

Georgia sonrió, como si no hubiera nada malo en el pedido que le haría.

– Quiero que vayas a ver a Stallard Beauchamp. Quiero que le señales que la tía Hetty era nuestra parienta y no la suya, y que le digas que, puesto que él no necesita el dinero y nosotros sí, por favor se porte como un caballero y rompa el último testamento de la tía Hetty para… que sea válido el anterior.



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