
—¿Quieres saberlo realmente? —preguntó Elli, los ojos encendidos.
—Más tarde —murmuró él con la comisura de los labios.
El capitán hizo tamborilear sus dedos sobre la comuconsola y estudió una pantalla.
—Nada de esto aparece en su expediente oficial. Veinticuatro años… ¿no es usted un poco joven para su rango, ah… almirante? —fue seco, sus ojos recorrieron burlones el uniforme dendarii.
Miles trató de ignorar el tono.
—Es una larga historia. El comodoro Tung, un oficial dendarii veterano, es el verdadero cerebro del asunto. Yo sólo interpreto un papel.
Elli, escandalizada, abrió mucho los ojos. Una severa mirada de Miles trató de obligarla a guardar silencio.
—Puedes hacer mucho más que eso —objetó ella.
—Si es usted el único contacto —Galeni frunció el ceño—, ¿quién demonios es esta mujer?
Sus palabras dejaban claro que la consideraba una no-persona, o al menos una no-soldado.
—Sí, señor. Bueno, para casos de emergencia, hay tres dendarii que conocen mi verdadera identidad. La comandante Quinn, que estuvo en el ajo desde el principio, es una de ellas. Tengo órdenes estrictas de Illyan de llevar guardaespaldas en todo momento, así que la comandante Quinn ocupa mi puesto cada vez que tengo que cambiar de identidades. Confío en ella de manera tácita.
