
Galeni se sentó.
—Sin duda. Pero el cuartel general de Seguridad del Sector tendrá que encargarse de esto. Aquí ni siquiera existen fondos para cubrir esas cantidades.
Miles se mordió el lado del dedo índice.
—Oh.
Ciertamente, oh. No tenía que dejarse llevar por el pánico…
—En ese caso, señor, ¿puedo pedirle que se ponga en contacto con el cuartel general del Sector cuanto antes?
—Créame, teniente, considero que transferirle a usted a la responsabilidad de otro es un asunto de la máxima prioridad. —Se levantó—. Discúlpeme. Espere aquí.
Salió del despacho sacudiendo la cabeza.
—¿Qué demonios? —preguntó Elli—. Creía que estabas a punto de destrozar a ese tipo, capitán o no… y luego te paraste. ¿Cuál es la magia de ser komarrés, y dónde puedo encontrar un poco?
—No es magia. Decididamente no es magia —dijo Miles—. Pero es muy importante.
—¿Más importante que ser un lord Vor?
—En cierto sentido, sí, en estos momentos. Mira, sabes que el planeta Komarr fue la primera conquista imperial interestelar de Barrayar, ¿no?
—Creía que lo considerabais una anexión.
—Otra forma de llamar las cosas. Lo ocupamos por sus agujeros de gusano, porque se encuentra ante nuestra única conexión con el nexo, porque estaba estrangulando nuestro comercio y, sobre todo, porque aceptó un soborno para dejar pasar a la flota cetagandana cuando los cetagandanos trataron de anexionarnos a nosotros. Tal vez recuerdes también quién fue el principal conquistador.
—Tu padre. Cuando sólo era el almirante lord Vorkosigan, antes de que se convirtiera en regente. Eso le valió su reputación.
—Sí, bueno, se labró más de una. Si alguna vez quieres que le salga humo de las orejas susúrrale al oído: «Carnicero de Komarr.» Lo llamaban así.
