
—Ivan —suspiró Miles, cerrando los ojos—. ¿Cómo, Dios, he pecado contra Ti, para que me envíes a Ivan… aquí?
Como Dios no se dignó contestar, Miles sonrió forzadamente y se dio la vuelta. Elli tenía la cabeza ladeada, el ceño fruncido, y escuchaba con repentina atención.
Galeni había regresado seguido de un teniente alto y joven. Por indolente que fuera, Ivan Vorpatril se había mantenido obviamente en forma, pues con su atlético físico el uniforme verde le quedaba a la perfección. El rostro despejado y afable tenía rasgos armónicos, enmarcados por un cabello oscuro y rizado con un bonito corte estilo patricio. Miles no pudo dejar de mirar a Elli, esperando su reacción. Dados su rostro y su figura, Elli tendía a hacer que todos los que se colocaban a su lado parecieran unos patosos; pero Ivan bien podría ponerse junto a ella y no quedar ensombrecido.
—Hola, Miles —dijo Ivan—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Podría preguntarte lo mismo.
—Soy segundo agregado militar. Me destinaron aquí para que adquiera cultura, supongo. La Tierra, ya sabes.
—Oh —dijo Galeni, torciendo hacia arriba una comisura de los labios—, para eso estás aquí. Me lo andaba preguntando.
Ivan sonrió mansamente.
—¿Cómo va la vida con los irregulares últimamente? —le preguntó a Miles—. ¿Sigues saliéndote con la tuya con el truquito del almirante Naismith?
—A duras penas —dijo Miles—. Los dendarii me acompañan. Están en órbita —apuntó con el dedo hacia arriba—, comiéndose las uñas mientras hablamos.
Galeni puso cara de haber mordido un limón.
—¿Conoce todo el mundo esta operación encubierta menos yo? Usted, Vorpatril… ¡sé que su acceso de Seguridad no es más alto que el mío!
Ivan se encogió de hombros.
—Un encuentro previo. Es de la familia.
—Maldita red de poder Vor —murmuró Galeni.
—Oh —dijo Elli Quinn cayendo en la cuenta de repente—, ¡éste es tu primo Ivan! Siempre me había preguntado qué aspecto tendría.
