
—Ésas son las condiciones que normalmente ofrecemos a nuestros clientes corporativos establecidos.
—La Flota de Mercenarios Libres Dendarii es una corporación establecida. Registrada en Jackson's Whole.
—Mm, sí, pero… cómo se lo diría… el riesgo más extremo que nuestros clientes normales corren habitualmente es la bancarrota, para la cual tenemos protecciones legales. Su flota mercenaria es, um…
«Se está preguntando cómo se le cobra a un cadáver», pensó Miles.
—… algo mucho más arriesgado —finalizó el ingeniero con candor. Se encogió de hombros para pedir disculpas.
«Un hombre sincero, al menos…»
—No subiremos el precio de nuestra oferta. Pero me temo que tendremos que pedir el pago por adelantado.
«Mientras que nos ciñamos a intercambiar insultos…»
—Pero eso no nos proporciona ninguna garantía contra las chapuzas en el trabajo —dijo Miles.
—Pueden demandarnos —repuso el ingeniero—, igual que todo el mundo.
—Puedo volar su…
Los dedos de Miles tamborilearon contra la costura de su pantalón donde no había ninguna cartuchera atada. La Tierra, la vieja Tierra, la vieja y civilizada Tierra. La comandante Quinn le tocó el codo en un fugaz gesto de contención. Él le dirigió una breve sonrisa tranquilizadora… no, no iba a dejarse llevar por las exóticas posibilidades del almirante Miles Naismith, comandante en jefe de la Flota de Mercenarios Libres Dendarii. Estaba simplemente cansado, dijo su sonrisa. Un leve ensanchamiento de los luminosos ojos castaños de ella respondió: «Chorradas, señor.» Pero ésa era otra discusión que no continuarían allí, en voz alta, en público.
—Busque una oferta mejor si quiere —dijo el ingeniero.
—Hemos buscado —repuso Miles. «Como bien sabes.»—. Bueno. Um… ¿Qué tal… la mitad ahora y la mitad a la entrega?
El terrestre frunció el ceño, sacudió la cabeza.
