
Bosch asintió. Había tratado con Irving anteriormente cuando estaba al cargo de la División de Asuntos Internos. Ahora era subdirector, es decir, uno de los tres hombres más importantes del departamento y su ámbito había sido ampliado para incluir Asuntos Internos, Inteligencia e Investigación de Narcóticos y todos los Servicios de Detectives. Harry consideró momentáneamente la conveniencia de insistir sobre el hecho de no haber sido avisado.
– Deberían haberme llamado -repitió finalmente-. Éste es mi caso. Me lo han quitado antes de dármelo.
– Bueno, eso lo decido yo, ¿no cree? Además, no hay necesidad de molestarse. Llámelo «racionalización». Ya sabe que Robos y Homicidios lleva todas las muertes de nuestros agentes. Al final usted tendría que habérselo pasado a ellos de todos modos; así ahorramos tiempo. Le aseguro que no hay ningún otro motivo aparte del deseo de acelerar los trámites. Le recuerdo que ahí yace el cuerpo de un policía. Eso nos obliga a actuar con rapidez y profesionalidad, sin importar las circunstancias de su muerte. Se lo debemos a él y a su familia.
Bosch asintió de nuevo y, al mirar a su alrededor, vio a un detective llamado Sheehan junto a una puerta bajo el rótulo de «HABITACIONES RATAS». Estaba entrevistando a un hombre de unos sesenta años que desafiaba al frío de la noche con su camiseta de tirantes y mascaba un cigarro moribundo. Era el encargado del motel.
– ¿Lo conocía? -preguntó Irving.
– ¿A Moore? No, no mucho. Bueno, estábamos en la misma división, así que nos conocíamos de vista. Él trabajaba sobre todo en el turno de noche, en la calle. No tuvimos mucha relación…
