Bosch no sabía por qué en ese momento había decidido mentir. Se preguntó si Irving lo habría notado en su voz y rápidamente cambió de tema.

– Así que es suicidio… ¿es eso lo que le ha dicho a los periodistas?

– Yo no les he dicho nada. He hablado con ellos, sí, pero no he mencionado la identidad de la víctima. Y no pienso hacerlo hasta que se confirme oficialmente. Aunque usted y yo estemos bastante seguros de que se trata de Calexico Moore, el público no lo sabrá hasta que hayamos hecho todos los análisis y las pruebas necesarias.

Irving se golpeó con el sobre en el muslo.

– Por eso he sacado el expediente de Moore; para acelerar los trámites. Las huellas irán al forense junto con el cuerpo. -Irving se volvió para mirar la habitación del motel-. Pero usted ha estado dentro, detective Bosch. Dígamelo usted.

Bosch lo pensó un momento. ¿Estaba Irving realmente interesado o estaba tomándole el pelo? Era la primera vez que lo trataba fuera de la situación de confrontamiento personal que acompaña cualquier investigación de Asuntos Internos. Al final Bosch se decidió a contestar.

– Parece que se sentó en el suelo junto a la bañera, se sacó la bota, y apretó ambos gatillos con el dedo del pie. Bueno, supongo que fueron los dos por el destrozo causado. El retroceso impulsó la escopeta hacia la jamba de la puerta, astillando la culata. La cabeza salió disparada hacia el otro lado, chocó contra la pared y cayó dentro de la bañera.

– Exactamente-dijo Irving-. Ahora puedo decirle al detective Sheehan que está usted de acuerdo. Como si hubiera sido llamado. No hay razón para que nadie se sienta marginado.

– Ésa no es la cuestión.

– ¿Y cuál es la cuestión, detective? ¿Que nunca quiere dar el brazo a torcer? ¿Que no acepta las decisiones de sus superiores? Estoy empezando a perder la paciencia con usted, detective. Y esperaba que no me volviese a ocurrir.



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