Irving se había acercado demasiado a Bosch, quien notó su aliento a hierbas medicinales en plena cara. Se sentía acorralado y se preguntó si el subdirector lo haría expresamente.

– Pero no hay nota -comentó Bosch, dando un paso atrás.

– No, de momento no. Aunque todavía nos quedan cosas por registrar.

Bosch no sabía a qué se refería. El piso de Moore fue registrado cuando éste desapareció, al igual que la casa de su mujer. ¿Qué más quedaba? ¿Habría enviado Moore una nota por correo? No era probable porque, de ser así, ya habría llegado.

– ¿Cuándo ocurrió?

– Con un poco de suerte empezaremos a tener una idea después de la autopsia de mañana por la mañana. De todas formas, yo creo que lo hizo poco después de que se registrara, es decir, hace seis días. El encargado del motel ha declarado que Moore entró en la habitación hace seis días y que no lo volvió a ver, lo cual concuerda con el aspecto de la habitación, el estado del cuerpo y la fecha del periódico.

Cuando Bosch oyó que la autopista era al día siguiente, enseguida comprendió que Irving había movido hilos. Normalmente se tardaban tres días en conseguir una autopsia y en Navidad todo tardaba un poco más.

Irving pareció adivinar lo que estaba pensando.

– La forense jefe en funciones ha accedido a hacer la autopsia mañana por la mañana. Yo le he explicado que habría mucha especulación en la prensa y que eso no sería justo para la mujer de Moore ni para el departamento, y ella se ha brindado a cooperar. Después de todo, la jefa en funciones quiere convertirse en jefa permanente. Por eso aprecia el valor de la cooperación.

Bosch no hizo ningún comentario.

– O sea, que mañana lo sabremos seguro -insistió Irving-. Aunque de momento todo apunta a que Moore se suicidó al poco tiempo de llegar al motel, ya que nadie, ni siquiera el encargado, lo vio después de su llegada. El mismo Moore dejó instrucciones precisas para que no lo molestasen.



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