Bosch se quedó un instante pensativo y luego preguntó:

– No entiendo lo de alquilar la habitación un mes entero. ¿Para qué? Si el tío iba a suicidarse, ¿por qué intentar esconderlo tanto tiempo? ¿Por qué no hacerlo, dejar que te encuentren y se acabó?

– Buena pregunta -dijo Irving-. Lo único que se me ocurre es que tal vez lo hizo por su mujer.

Bosch arqueó las cejas.

– Estaban separados -explicó Irving-. A lo mejor no quiso que se enterara durante las fiestas navideñas e intentó retrasar la noticia un par de semanas o un mes.

A Bosch le pareció una explicación bastante floja, aunque de momento no tenía ninguna mejor. Intentó pensar en otra pregunta, pero no se le ocurrió nada. En ese preciso instante Irving cambió de tema, dándole a entender que su visita a la escena del crimen había concluido.

– ¿Qué tal el hombro?

– Bien.

– Me dijeron que se había ido a México para mejorar su español.

Bosch no respondió, ya que le aburría esa clase de charlas. Quería decirle a Irving que no le convencían sus deducciones, a pesar de todas las pruebas y explicaciones que le había ofrecido. No obstante, no habría sabido decir por qué, y hasta que lo averiguara, era mejor quedarse callado.

– Siempre he pensado que no hay suficientes agentes (entre los no hispanos, claro está) que se esfuercen en aprender el segundo idioma de esta ciudad -comentó Irving-. Me gustaría que todo el departamento…

– ¡La nota! -le gritó Donovan desde la habitación.

Irving se separó de Bosch sin decir ni una sola palabra y se dirigió hacia la puerta. Sheehan lo siguió junto con otro hombre trajeado que Bosch identificó como un detective de Asuntos Internos llamado John Chastain. Harry dudó un momento, pero los siguió.

Dentro, todo el mundo se había congregado frente a la puerta del cuarto de baño, alrededor del perito forense, Bosch mantuvo el cigarrillo en la boca e inhaló el humo.



18 из 336