
– ¿De qué iba la llamada? -insistió Bosch.
Kleinman vaciló unos segundos, pero finalmente respondió:
– Han encontrado un cadáver en un motel de Franklin. Parece suicidio, pero el caso lo van a llevar los de Robos y Homicidios, bueno, de hecho ya lo están llevando. Nosotros no entramos. Órdenes de arriba.
Bosch permaneció en silencio. Robos y Homicidios saliendo el día de Navidad para encargarse de un caso de suicidio… No tenía sentido.
De repente lo comprendió: Calexico Moore.
– ¿Cuántos días tiene el fiambre? -preguntó Bosch-. He oído que pedían a Número dos que trajera una máscara.
– Está bastante pasado. Por el olor ya se imaginaban que sería difícil de identificar, pero lo peor ha sido que no queda mucha cara. Se tragó una escopeta de cañón doble, o al menos eso han dicho por radio.
El receptor de Bosch no captaba la frecuencia de Robos y Homicidios; por eso no había oído ningún comentario sobre el caso. Por lo visto ellos sólo habían cambiado de frecuencia para notificar la dirección al chofer del Número dos. De no haber sido por aquello, Bosch no se habría enterado de nada hasta la mañana siguiente, al llegar a la comisaría. Aunque le enfurecía aquella omisión, se esforzó por mantener un tono tranquilo, ya que quería sacarle todo lo posible a Kleinman.
– Es Moore, ¿no?
– Eso parece -contestó Kleinman-. Su placa está en la cómoda de la habitación del motel, junto con la cartera. Pero ya te he dicho que no se puede hacer una identificación visual del cadáver, así que no hay nada seguro.
– ¿Cómo fue la cosa?
– Oye, Bosch, yo tengo mucho trabajo, ¿vale? Esto lo lleva Robos y Homicidios, así que ya no va contigo.
