
“¡Belle! ¡Belle!”
Ned miró más allá de su hermana, para ver a su prima Emma, acercándose tan rápidamente como su voluminoso cuerpo le permitía.
“¿Estás bien?” preguntó Emma a Belle, antes de girarse inmediatamente hacia Ned y preguntarle “¿Está bien?”.
Ned miró fijamente a su hermana. “¿Estás bien?”
“¿Estás túbien?”
“¿Qué clase de pregunta es ésa?”
“Una perfectamente pertinente” replicó Belle asiendo la mano que le tendía Emma y levantándose, casi derribándola en el proceso. “Has estado evitándome toda la semana…”
“Sólo llevamos aquí dos días, Belle”
“Bien, pues me han parecido una semana”
Ned no pudo disentir.
Belle lo miro ceñuda cuando no la contradijo.
“¿Vas a quedarte ahí sentado en tu caballo, o vas a desmontar y a hablar conmigo como lo haría cualquier humano razonable?”
Ned consideró la pregunta.
“Es una grosería” apuntó Emma, “permanecer montado a caballo mientras dos damas están de pie”
“Ustedes no son damas “ murmuró Ned “son parientes”
“¡Ned!”
El se giró hacia Belle. “¿Estás segura de que no te has lastimado?”
“Sí, por supuesto. Yo…” los brillantes ojos azules de Belle se abrieron enormemente cuando percibieron las intenciones de Ned. “Bueno, en realidad mi tobillo está un poco delicado y…,” tosió un par de veces como si eso pudiera probar su afirmación de haberse torcido el tobillo.
“Bien “ dijo Ned, sucintamente. “Entonces no necesitas mi ayuda”. Y con esto, giró el caballo hacia la izquierda y avanzó rápidamente, dejándolas atrás. Un tanto grosero, quizás, pero Belle era su hermana y tenía que quererlo a pesar de su comportamiento. Además, ella iba a intentar hablar de nuevo con Ned acerca de su matrimonio, y esto era lo último sobre lo que él quería discutir.
Ned se dirigió hacia el oeste de la propiedad, en primer lugar porque era la dirección que más fácilmente ofrecía escapatoria, pero también porque por allí esperaba encontrar las tierras que serían la dote de Lydia. Un recordatorio de porqué estaba a punto de casarse, podía ser justo lo que necesitaba para mantener su mente correctamente encaminada. Eran unas tierras verdes y fértiles, encantadoras, con un pintoresco estanque y un pequeño manzanar.
