
El capitán Sam Vimes, de la Guardia de la Ciudad de Ankh-Morpork (Guardia Nocturna) estaba sentado en la antesala llena de corrientes de aire de la sala de audiencias del patricio, con su mejor capa envolviéndole el cuerpo, la coraza bien abrillantada y el casco encima de las rodillas.
Estaba contemplando la pared con el rostro inexpresivo.
Se dijo a sí mismo que hubiese tenido que estar contento. Y lo estaba. En cierto modo. Decididamente sí. Todo lo contento que podía llegar a estar.
Dentro de unos días iba a casarse.
Iba a dejar de ser un guardia.
Iba a ser un caballero de vida ociosa.
Se quitó la placa de cobre y la pasó distraídamente por el borde de su capa para sacarle brillo. Luego la sostuvo ante los ojos de tal manera que la luz arrancó destellos a la pátina de la superficie. GCAM N.° 177. A veces Vimes se preguntaba cuántos otros guardias habían tenido aquella placa antes de él.
Bueno, ahora alguien iba a tenerla después de él.
Esta es Ankh-Morpork, la Ciudad de Las Mil y Una Sorpresas (según la guía editada por el Gremio de Mercaderes). ¿ Qué más se necesita decir? Un lugar inmenso, hogar de un millón de personas, la mayor de todas las ciudades del Mundodisco, que se extiende a ambos lados del río Ankh, un cauce de aguas tan fangosas que parece como si fluyera al revés.
Y los visitantes dicen: ¿Cómo es que existe una ciudad tan grande? ¿Qué la mantiene en funcionamiento? Dado que tiene un río que se puede masticar, ¿de dónde proviene el agua potable? ¿Cuál es, de hecho, la base de la economía de la ciudad? ¿Cómo es posible que, en contra de toda probabilidad, Ankh-Morpork funcione?
En realidad, los visitantes no suelen decir eso. Lo habitual es que digan cosas como «¿Por dónde se va a, ya sabe, las… esto… ya sabe, las damas jóvenes, sí, eso?».
Pero suponiendo que empezaran a pensar con el cerebro durante un ratito, eso habría sido lo que hubiesen estado pensando.
