
El patricio de Ankh-Morpork se recostó en su austera silla con la sonrisa súbita y radiante de una persona muy ocupada cuando, al final de un día lleno de ajetreo, acaba de descubrir en su agenda un recordatorio que dice: 7.00-7.05, Mostrarse Relajado y Alegre y Ser una Persona Capaz de Tratar con la Gente.
—Bueno, por supuesto que me llenó de tristeza recibir su carta, capitán…
—Sí, señor —dijo Vimes, manteniéndose tan inmóvil como un almacén de muebles.
—Tenga la bondad de sentarse, capitán.
—Sí, señor. —Vimes permaneció de pie. Era una cuestión de orgullo.
—Pero aun así, le aseguro que lo comprendo. Tengo entendido que las propiedades de los Ramkin son muy extensas, y estoy seguro de que lady Ramkin sabrá apreciar el hecho de poder contar con su robusta mano derecha.
—¿Señor?
Cuando se encontraba en presencia del gobernante de la ciudad, el capitán Vimes siempre concentraba su mirada en un punto situado unos treinta centímetros por encima de la cabeza del patricio y unos quince centímetros a su izquierda.
—Y naturalmente será usted un hombre muy rico, capitán.
—Sí, señor.
—Espero que haya pensado en eso. Tendrá nuevas responsabilidades.
—Sí, señor.
El patricio se dio cuenta de que estaba manteniendo los dos extremos de la conversación. Empezó a rebuscar entre los papeles de su escritorio.
—Y naturalmente tendré que ascender a un nuevo oficial en jefe para la Guardia Nocturna —dijo el patricio—. ¿Tiene usted alguna sugerencia, capitán?
Vimes pareció descender de cualquiera que fuese la nube que había estado ocupando su mente. Aquello era trabajo de guardia.
—Bueno, que no sea Fred Colon… Fred es un sargento nato…
El sargento Colon, de la Guardia de la Ciudad de Ankh-Morpork (Guardia Nocturna) contempló los rostros radiantes de los nuevos reclutas.
