QUIZÁ DEBERÍAS CONSIDERARLO MÁS BIEN COMO UNA… PEQUEÑA DISCAPACIDAD DIMENSIONAL.

La sombra de Beano el payaso se volvió hacia la Muerte.

—¿Se puede saber de qué estás hablando?

Estás muerto.

—Sí, eso ya lo sé.

Beano se relajó un poco, y dejó de hacerse tantas preguntas acerca de los acontecimientos sucedidos en un mundo cada vez menos relevante para él. La Muerte ya había descubierto que eso era lo que solía hacer la gente una vez pasada la confusión inicial. Después de todo, lo peor ya había ocurrido. Al menos… con un poquito de suerte.

SI TUVIERAS LA AMABILIDAD DE SEGUIRME…

—¿Habrá pasteles de nata? ¿Narices postizas rojas? ¿Números de malabarismo? ¿Existe alguna probabilidad de que haya pantalones enormemente holgados?

No.

Beano, que había pasado casi toda su corta vida siendo un payaso, sonrió hoscamente debajo de su maquillaje.

—Me gusta.


La reunión de Vimes con el patricio terminó como lo hacían todas aquellas reuniones, con el invitado marchándose en posesión de una vaga pero insistente sospecha de que había salido vivo de allí por los pelos. Vimes fue a ver a su prometida. Sabía dónde se la podría encontrar.

El letrero garabateado a través de las grandes puertas dobles en la calle Mórfica decía: Aquí Hay Dragnes.

La placa de latón que había junto a las puertas decía: El Santuario Rayo de Sol de Ankh-Morpork para Dragones Enfermos.

Había un dragón pequeño, patético y hueco, hecho de cartón piedra, que sostenía una caja para las colectas, muy bien encadenado a la pared y luciendo la leyenda: No Dejes Que Se Apague Mi Llama.

Allí era donde lady Sybil Ramkin pasaba la mayor parte de sus días.

Era, según le habían dicho a Vimes, la mujer más rica de Ankh-Morpork. De hecho, era más rica que todas las otras mujeres que había en Ankh-Morpork combinadas, si tal cosa fuera posible, en una sola mujer.



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