Se pegó al marco y esperó la llegada del bretón. Sus relaciones con el pescador estaban cargadas de silencio y hostilidad. Decambrais no llegaba a determinar el origen y las causas de aquello. Tenía tendencia a desviar la responsabilidad hacia aquel tipo rústico, tallado en granito, posiblemente violento, que había venido a perturbar el orden sutil de su existencia hacía dos años, con su caja, su urna grotesca y sus pregones que derramaban tres veces al día una tonelada de mierda indigente sobre la plaza pública. Al principio, no le había concedido importancia, convencido de que aquel tipo no aguantaría ni una semana. Pero todo aquel asunto de los pregones había funcionado de manera notable y el bretón se había hecho una clientela, llenando la sala día tras día, como quien dice; un verdadero fastidio.

Por nada en el mundo Decambrais hubiese dejado de asistir a aquel fastidio, aunque por nada en el mundo lo hubiera reconocido. Ocupaba, pues, su sitio cada mañana con un libro en la mano y escuchaba el pregón con los ojos bajos, pasando las páginas pero sin avanzar una sola línea en su lectura. Entre dos rúbricas, Joss Le Guern le lanzaba a veces una breve mirada. A Decambrais no le gustaba esa ojeada azul. Le parecía que el pregonero quería asegurarse de su presencia y que se figuraba que había terminado picando, como un vulgar pez. Porque el bretón no había hecho más que aplicar a la ciudad sus reflejos brutales de pescador, arrastrando en sus redes las oleadas de viandantes como si fuesen bancos de bacalao, igual que un verdadero profesional de la captura. Viandantes y peces eran la misma cosa en su cabeza de chorlito, prueba de esto es que los vaciaba para comerciar con sus entrañas.

Pero Decambrais estaba atrapado y era demasiado buen conocedor del alma humana para ignorarlo. Sólo aquel libro que llevaba en la mano lo distinguía aún de los otros espectadores de la plaza. ¿Acaso no sería más digno dejar aquel maldito libro y afrontar tres veces al día su condición de pescado? ¿Es decir, de ser vencido, de hombre de letras arrastrado por el grito inepto de la calle?



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