El más mínimo error de manipulación provocaba a menudo toda una serie de calamidades en cadena, que podían ir del incidente desagradable a la tragedia, al ofrecerle a la cosa una libertad repentina, por mínima que fuese. El tapón que se escapa de los dedos constituye, en menor grado, un modelo básico. Porque un tapón suelto no viene rodando hasta los pies del hombre en modo alguno. Se ovilla tras la cocina, malamente, en busca de inaccesibilidad, como la araña, y desencadena para su depredador, el Hombre, una sucesión de pruebas variables: desplazamiento de la cocina, rotura del tubo de enganche, caída de utensilios, quemaduras. El caso de esta mañana había procedido de un desencadenamiento más complejo, inaugurado por un error benigno de lanzamiento que había provocado el debilitamiento de la bolsa de la basura, desplome lateral y desparramamiento del filtro del café por el suelo. Así es como las cosas, animadas por un sentimiento de venganza legítimamente provocado por su condición de esclavas, consiguen a su vez, en momentos breves pero intensos, someter al hombre a su poder latente, hacen que se retuerza y se arrastre como un perro, y no se apiadan ni de mujeres ni de niños. No, Joss no confiaría en las cosas por nada en el mundo, como tampoco confiaba en los hombres ni en la mar. Las primeras os roban la razón, los segundos, el alma y la tercera, la vida.


Como hombre aguerrido que era, Joss no había desafiado a su suerte y había recogido el café como un perro, grano a grano. Había cumplido sin protestar la penitencia y el mundo de las cosas se había vuelto a replegar bajo el yugo. Aquel incidente matinal no era nada, en apariencia sólo una contrariedad banal, pero para Joss, que no se equivocaba, era un recordatorio claro de que la guerra entre hombres y cosas proseguía y de que en este combate el hombre no salía siempre vencedor, ni mucho menos. Recordatorio de tragedias, de navíos sin mástil, de bous despedazados y de su barco, el Viento de Norois, que había hecho agua en el mar de Irlanda el 23 de agosto a las tres de la mañana con ocho hombres a bordo.



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