
Era demasiado tarde para aquello.
– Lo haré. Y gracias por venir.
– Es para lo que estamos. Buenas noches, señora.
Dora no podía creer que lo estuviera dejando marchar. ¿En qué diablos estaría pensando? Debería volver a llamarlo…
– Cierre la puerta, señora Marriott. Ahora.
La voz de Gannon era apenas audible desde el otro lado de la puerta. Demasiado tarde. Cerró y se apoyó contra la puerta con las piernas un poco débiles ante su propia estupidez.
– No puedo creer haber hecho lo que acabo de hacer.
– No se preocupe. Ha hecho tan bien el papel de rubia boba que el pobre chico se romperá el cuello para volver en cuanto se lo permita esa alarma. Sólo tendré que confiar en que es usted una respetable señora casada que lo mandará meterse en sus asuntos con rapidez.
¿Casada? Por un momento Dora no supo de qué estaba hablando, hasta que comprendió que había escuchado cómo la llamaba el policía. Lo miró enfadada. Era lo que una respetable mujer casada hubiera hecho en las mismas circunstancias, ¿verdad?
¿A quién quería engañar? Cualquier respetable casada hubiera gritado hasta tirar la casa en vez de ofrecerle al ladrón el calor de su casa.
– Veremos. Si es usted tan buen amigo de Richard, no tengo nada que temer -señaló con intención a su mano, todavía metida en su bolsillo-. ¿Verdad?
– No, señora Marriott -dijo él sacándose la mano y la tela para enseñarle que estaba vacía-. Nada en absoluto.
La verdad era que Gannon, con un dolor mortal en las costillas y el hombro resentido del peso de Sophie, se sentía incapaz de alzar la mano a una mosca. Y no tenía deseos de asustarla; lo que quería de ella era su ayuda.
– Además, si le hago daño, probablemente Richard me perseguiría y me mataría con sus propias manos.
Dora no presumía levantar tal tipo de pasión en Richard por sí misma, pero tenía una idea bastante acertada de lo que haría con cualquiera que considerara siquiera hacer daño a su hermana. Y como el intruso había asumido el mismo error que el policía, ahora creía que era la esposa de Richard. Bueno, si esa impresión iba a mantenerla a salvo, no pensaba decepcionarlo.
