
Junto a aquella pequeña calle industrial discurría un canal de desagüe. Oí su rugido poderoso, debido a las abundantes lluvias que habían caído recientemente. En el punto en que pasaba canalizado bajo la calle, una barandilla formada por tres tubos bordeaba la acera, a la altura de las costillas de un adulto. Apoyadas en ella había unas formas rígidas de metal que, al acercarme más, resultaron ser unas bicicletas. Dos bicicletas. Un chico.
Me acerqué a mirar y el muchacho me siguió. Antes de quedar soterrado bajo la calle, el canal se precipitaba desde una altura considerable a un amplio sifón de paredes de cemento, destinado a evitar que se inundase la vía pública cuando llovía a cántaros, como había sucedido durante los últimos días. De no haber sido así, lo que habríamos visto desde la barandilla, probablemente, habría sido una extensión de hierba y barro por donde discurría un apacible arroyo. Esta vez, no; la madrugada anterior, las lluvias habían formado allí una gran piscina que se agitaba, turbulenta.
– ¿Se ha caído alguien? -Para explicarme, con los dedos formé dos piernas que caminaban hacia la barandilla, levanté una como si fuese a saltarla y luego imité una zambullida.
El chico asintió y dijo algo que no comprendí.
– Llame a Emergencias, al 911 -le pedí a la repartidora de periódicos, que seguía detrás de mí, y pasé una pierna por encima de la barandilla-. Dígales que un niño se ha caído al canal. Llévese a éste y procure que se tranquilice.
Sin esperar a que cumpliera la orden, me encaramé hasta quedar sentada en la barra inferior, con los pies por encima del agua.
Desde que el chico señaló el agua y di instrucciones a la repartidora de periódicos hasta que me dispuse a saltar, transcurrieron apenas noventa segundos, pero fue tiempo suficiente para que me acordara del otoño anterior y de Ellie Bernhardt, que por entonces tenía catorce años. Me había tirado al Misisipí a salvarla y aquel acto me había dado cierta fama en el departamento durante un tiempo, sobre todo porque la natación no es mi fuerte.
