
Un desastre aéreo de estas características era sin duda una situación de crisis. Le aseguré a Larke que cancelaría mi viaje a Montreal en octubre.
– ¿Cómo es que llegaste tan rápido?
Expliqué nuevamente mi viaje a Knoxville y la conversación telefónica que había mantenido con el jefe del DMORT.
– Ya he hablado con Earl. Mañana por la mañana ya habrá desplegado un equipo en la zona. -Larke miró a Crowe-. Los muchachos del NTSB llegarán esta noche. Hasta entonces todo debe permanecer tal como está.
– Ya he dado la orden -dijo Crowe-. Esta zona es bastante inaccesible, pero aumentaré los puestos de seguridad. Los animales serán probablemente el mayor problema. Especialmente cuando estos cadáveres comiencen a descomponerse.
El vicegobernador profirió un ruido extraño, dio media vuelta y se alejó. Lo observé cuando se aferró al tronco de un laurel, se inclinó hacia adelante y vomitó.
Larke nos miró fijamente a Crowe y a mí.
– Señoras, están consiguiendo que un trabajo muy difícil se convierta en una tarea infinitamente más sencilla. No tengo palabras para expresar cuánto aprecio su profesionalidad. -Cambio de expresión-. Sheriff, quiero que mantenga la situación controlada en la zona. -Volvió a cambiar la expresión-. Tempe, ve a dar tu charla a Knoxville. Luego quiero que recojas todo el equipo que puedas necesitar y te presentes aquí mañana. Te quedarás un tiempo, de modo que será mejor que informes a la universidad. Te conseguiremos una cama.
Quince minutos más tarde uno de los ayudantes de Crowe me llevaba hasta el lugar donde había dejado aparcado mi coche.
