
– ¡Reid! -gritó un tipo-. ¿Qué se siente al salir en los papeles?
Reid no hizo caso, echó una ojeada y vio dos caras conocidas en un rincón. Fue directamente hacia ellos.
– Reid -Maddie, una de las camareras, lo agarró del brazo-. Es una asquerosa. La noche que pasamos juntos fue maravillosa. ¿Quieres que firme una carta o algo así?
Él hizo un gesto con la cabeza. Sabía que habían pasado la noche juntos en la misma cama, pero no podía acordarse de nada concreto en medio de su borroso pasado sexual.
Fue hasta donde estaban sus hermanos y se dejó caer en la silla que le ofrecieron. La habían colocado de tal forma que nadie pudiera verlo directamente. Cal, su hermano mayor, le acercó una jarra de cerveza.
– ¿Cómo lo llevas?
– ¿Tú qué crees? -Reid dio un sorbo-. Es un infierno.
Walker, su hermano menor, hizo una mueca de compasión.
– Es una canallada.
Reid miró el plato de nachos que había en la mesa, pero no tenía hambre.
– Lo peor de todo es que ni siquiera me acuerdo de ella. Fue durante la semana que mi equipo jugaba las eliminatorias. Estoy seguro de que estaba borracho -sacudió la cabeza-. ¿Qué más da? Ella quería vengarse y lo ha conseguido. Hay periodistas por todos lados. Han rodeado mi casa.
– Es una posición imposible de defender -comentó Walker.
– Lo dice nuestro hermano el ex marine -añadió Cal.
– Sabe de lo que está hablando -masculló Reid-. Tengo que marcharme de allí. He pensado en ir a un hotel, pero me encontrarían. Algún empleado me vendería.
– Quédate con Penny y conmigo -le propuso Cal-. Tenemos sitio.
Reid vaciló. Tenían una casa bastante grande, pero acababan de tener un hijo y estaban concentrados en otras cosas.
– Te lo agradezco, pero sería un estorbo.
– ¡Qué va! -replicó Cal.
– Puedes quedarte conmigo -intervino Walker-, pero tendría que ser en el sofá.
– Muy tentador -Reid sonrió-, pero no.
