
—Eres un soldado Vorkosigan —dijo Miles firmemente—. El fantasma del general Piotr está entretejido en ese marrón y plata. Acabarán por tenerte miedo, te lo prometo.
La breve sonrisa de Roic mostró más gratitud que convicción.
—Ojalá hubiera conocido a su abuelo, señor. A pesar de todo lo que cuentan de él en el Distrito, era un gran tipo. Mi bisabuelo sirvió con él en las montañas durante la Ocupación Cetagandesa, según cuenta mi madre.
—¡Ah! ¿Contaba buenas historias sobre él?
Roic se encogió de hombros.
—Murió de radiación después de que destruyeran Vorkosigan Vashnoi. Mi abuela nunca hablaba mucho de él, así que no lo sé.
—Lástima.
El teniente Smolyani asomó la cabeza en la esquina.
—Hemos abarloado junto a la Príncipe Xav, lord Auditor Vorkosigan. El tubo de transferencia está sellado y están esperando que suba usted a bordo.
—Muy bien, teniente.
Miles siguió a Roic, que tuvo que agachar la cabeza para pasar por el óvalo de la puerta, hasta la abarrotada bahía de atraque del correo. Smolyani se colocó junto a la compuerta. La placa de control chispeó y trinó; la puerta se abrió a la cámara estanca y el flexotubo situado más allá. Miles le hizo un gesto a Roic, quien tomó aire y avanzó. Smolyani se preparó para saludar; Miles le contestó con un ademán:
—Gracias, teniente. —Y siguió a Roic.
Un metro de mareante cero-ge en el flexotubo terminó en una compuerta similar. Miles se agarró a los asideros y entró rápida y firmemente de pie por la compuerta abierta. Desembocó en una zona de atraque mucho más espaciosa. A su izquierda, Roic le esperaba, en posición de firmes. La puerta de la nave insignia se cerró deslizándose tras ellos.
