Los esperaban tres hombres uniformados de verde y un civil incómodamente envarados. Ninguno cambió de expresión al ver el poco barrayarés físico de Miles. Presumiblemente Vorpatril, a quien Miles recordaba de pasada de algún que otro encuentro en Vorbarr Sultana, lo recordaba a él más vivamente y había avisado prudentemente a su personal de la apariencia mutoide de la Voz más bajita, por no mencionar más joven y nueva, del Emperador.

El almirante Eugin Vorpatril era de mediana estatura, fornido, de pelo blanco, y sombrío. Avanzó un paso y dirigió a Miles un saludo cortante y adecuado.

—Milord Auditor. Bienvenido a bordo de la Príncipe Xav.

—Gracias, almirante.

No añadió «me alegro de estar aquí»; ninguno de aquel grupo parecía contento de verlo, dadas las circunstancias.

—Le presento al comandante de Seguridad de la Flota, el capitán Brun —continuó Vorpatril.

El hombre, esbelto y tenso, posiblemente aún más sombrío que su almirante, asintió cortante. Brun estaba a cargo de la aciaga patrulla cuya facilidad para el gatillo había hecho pasar la situación de altercado legal menor a incidente diplomático de importancia. No, no estaba nada contento.

—El jefe consignatario Molino, del consorcio de la flota komarresa.

Molino era también de mediana edad, y con el mismo aspecto dispéptico de los barrayareses, aunque vestido con una elegante túnica y pantalones oscuros al estilo de Komarr. Un jefe consignatario era el oficial ejecutivo y financiero de la entidad corporativa por tiempo limitado que era un convoy comercial y, como tal, tenía la mayoría de las responsabilidades de un almirante de la flota con una fracción de los poderes de éste. También tenía la poco envidiable misión de ser la conexión entre un puñado de intereses comerciales potencialmente muy dispersos y sus protectores militares barrayareses, lo cual era más que suficiente para provocar dispepsia incluso sin una crisis. Murmuró un educado:



18 из 332