Vorpatril, con un claro dominio de la etiqueta que requería la situación, o al menos con un poco de sentido de la autoconservación, empezó a hablar.

—Bien. ¿En qué podemos servirle, milord Auditor?

Miles apoyó las manos sobre la mesa.

—Soy Auditor: mi primera tarea es escuchar. Por favor, almirante Vorpatril, descríbame el curso de los acontecimientos desde su punto de vista. ¿Cómo llegaron a esta situación?

—¿Desde mi punto de vista? —Vorpatril hizo una mueca—. Empezó como una simple y común metedura de pata tras otra. Se suponía que debíamos atracar en la Estación Graf durante cinco días, esperando el traslado del cargamento contratado y los pasajeros. Como entonces no había motivos para pensar que los cuadris fueran hostiles, di todos los permisos posibles, ya que es el procedimiento estándar.

Miles asintió. Los propósitos de las escoltas militares barrayaresas a las naves de Komarr oscilaban desde lo explícito pasando por lo sutil hasta lo nunca dicho. Declaradamente, las escoltas disuadían a los piratas de las naves de carga y suministraban a la parte militar de la flota una experiencia que era apenas más valiosa que los juegos de guerra. Más sutilmente, proporcionaban oportunidades para todo tipo de recopilación de inteligencia: económica, política y social, además de militar. Y proporcionaban a montones de jóvenes barrayareses, futuros oficiales y futuros civiles, los contactos necesarios con la amplia cultura galáctica. En la parte que nunca se mencionaba estaban las constantes tensiones entre barrayareses y komarreses, legado de, según el punto de vista de Miles, la conquista plenamente justificada de los segundos por parte de los primeros hacía una generación. Era política expresa del Emperador pasar de una situación de ocupación a otra de plena asimilación política y social entre los dos planetas. Ese proceso era lento y pedregoso.



20 из 332