Entramos en la cámara oculta por un arco bajo que nos obligó a agacharnos. (Coloqué una mano sobre la cabeza de la doctora para ayudarla a inclinarse. Su cabello era sedoso y suave). El lugar olía a algo intenso y desagradable y a carne quemada. Me vi incapaz de controlar mi propia respiración y los olores se abrieron paso a la fuerza por mis fosas nasales hasta el interior de mis pulmones.

La estancia, alta y espaciosa, se iluminaba con una variopinta colección de viejas lámparas de aceite, que proyectaban una enfermiza luz entre verde y azulada sobre toda clase de tinas, mesas e instrumentos y contenedores de aspecto diverso —algunos de ellos con forma humana— que no me atreví a inspeccionar con demasiado detenimiento, a pesar de que todos ellos eran atractivos a mis ojos, abiertos de par en par, como el sol atrae a las flores. Un alto brasero situado bajo una chimenea colgante de forma cilíndrica proporcionaba un poco de luz adicional. El brasero se encontraba junto a una silla hecha de anillas de hierro que envolvía por completo a un hombre delgado y desnudo que parecía inconsciente. La forma entera de la silla había girado sobre una estructura de soporte exterior, de tal modo que el hombre parecía haber quedado atrapado en el acto de realizar un salto mortal hacia delante, apoyado sobre las rodillas en el aire, con la espalda paralela a la rejilla que cubría un amplio conducto de iluminación que tenía encima.

El torturador jefe Nolieti se encontraba entre este artefacto y un amplio banco cubierto con diferentes cuencos, jarros y botellas de metal, y una colección de instrumentos que podrían haber estado igualmente a tono en los lugares de trabajo de un albañil, un carpintero, un carnicero y un cirujano. Nolieti estaba sacudiendo su cabeza, voluminosa, gris y cubierta de cicatrices. Tenía las callosas y fuertes manos en las caderas y la mirada clavada en la forma encogida del hombre enjaulado. Bajo el armatoste metálico que envolvía al desgraciado había una amplia losa de piedra cuadrada con un agujero de drenaje en el centro. Un fluido oscuro que parecía sangre había goteado sobre ella. En la oscuridad se vislumbraban unas pequeñas formas blanquecinas que tal vez fuesen dientes.



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