—Un estimulante —dijo ella e, introduciendo un dedo en el frasco, mostró una pequeña cantidad del fino gel de color marrón a la luz del brasero—. ¿Queréis probarlo? —Movió el dedo hacia la boca de Nolieti.

El torturador jefe le cogió la mano y obligó al dedo a retroceder hacia los labios de ella.

—No. Hazlo tú. Haz lo mismo que le has hecho a él.

La doctora se zafó de la mano de Nolieti y, con toda tranquilidad, se llevó el dedo a la boca y esparció la pasta marrón sobre su encía superior.

—Sabe agridulce —dijo con el mismo tono que utiliza cuando me explica algo—. El efecto dura entre dos y tres campanadas y normalmente no tiene efectos secundarios, aunque si se emplea en un cuerpo gravemente debilitado y en estado de conmoción se pueden producir convulsiones y existe una remota posibilidad de muerte. —Se pasó la lengua por el dedo—. En concreto, los niños sufren graves efectos secundarios y su uso está contraindicado para ellos. El gel se elabora con las bayas de una planta bianual que crece en varias penínsulas aisladas de las islas del norte de Drezen. Es muy preciado y normalmente se aplica en forma de solución, que es más estable y duradera. Lo he usado en varias ocasiones para tratar al rey y él lo tiene por uno de mis medicamentos más eficaces. Ya no queda mucho y habría preferido no tener que derrocharlo en alguien que ya estaba condenado ni en mi propia persona, pero vos habéis insistido. Estoy segura de que al rey no le importará. —(Tengo que decir, amo, que hasta donde yo sé, nunca ha tratado con ese gel, del que tiene varios tarros, al rey ni a ningún otro paciente). La doctora cerró la boca y pude ver que se pasaba la lengua por la encía superior. Entonces sonrió—. ¿Seguro que no queréis un poco?

Nolieti guardó silencio durante un momento, mientras su amplio y moreno rostro se movía como si estuviese masticando su propia lengua.



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