—Au —dijo el monarca.

—Es tensión muscular, más que nada —dijo la doctora en voz baja al tiempo que giraba la cabeza con un movimiento brusco para que el cabello, que le había caído sobre el rostro, quedara de nuevo detrás de los hombros.

—Mi padre nunca tuvo que sufrir tanto —dijo el rey con irritación desde la almohada de hilo de oro, con la voz amortiguada por el grosor del tejido y el peso del plumón.

La doctora me dirigió una sonrisa fugaz.

—¿Cómo, señor? —dijo—. ¿Queréis decir que nunca tuvo que sufrir mis torpes cuidados?

—No —dijo el rey con un gemido—. Ya sabes a qué me refiero, Vosill. Esta espalda. Nunca tuvo que sufrir una espalda como esta. Ni los dolores de las piernas, las jaquecas, los constipados, ni ninguno de estos males y dolores que me aquejan a mí. —Guardó silencio un momento mientras la doctora apretaba y masajeaba su carne—. Padre nunca tuvo que sufrir nada. Él no estuvo…

—… enfermo un solo día de su vida —dijo la doctora a coro con el rey.

El monarca se echó a reír. La doctora volvió a sonreírme. Yo sostuve el tarro de ungüento, inexpresablemente feliz durante ese instante, hasta que el rey suspiró y dijo:

—Ah, qué dulce tortura, Vosill.

Momento en el que la doctora cesó un instante los rítmicos movimientos de su masaje, y una mirada de amargura, de desprecio incluso, pasó fugazmente por su rostro.

2

El guardaespaldas

Esta es la historia de un hombre conocido como DeWar, guardaespaldas principal del general UrLeyn, Primer Protector del protectorado de Tassasen entre los años 1281 y 1221, calendario imperial. La mayor parte de mi relato transcurre en el palacio de Vorifyr, en Crough, la antiquísima ciudad de Tassasen, durante el aciago año de 1221.



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