
»Había también estatuas mágicas de todas las favoritas, esposas y concubinas del Emperador, las cuales, según le habían asegurado los más santos de sus santones, cobrarían vida en el momento en que él expirara y el gran ave de fuego viniera a llevárselo.
»El arquitecto jefe del palacio era un hombre llamado Munnosh, afamado en todo el mundo como el mayor constructor que había conocido la historia, cuya habilidad e inteligencia habían hecho posible el gran proyecto. Por esta razón, el Emperador cubrió a Munnosh de riquezas, favoritas y concubinas. Pero Munnosh era diez años más joven que el monarca y, a medida que este iba envejeciendo y el gran monumento se acercaba a su conclusión, el Emperador empezó a pensar que su arquitecto lo sobreviviría y podría hablar, o ser obligado a hacerlo, y revelar dónde y cómo se habían situado los grandes escondrijos del tesoro, una vez que hubiera muerto y estuviera allí viviendo con el gran pájaro de fuego y las estatuas mágicas. Hasta puede que tuviera tiempo de completar un monumento aún más grande para el siguiente rey que ascendiera al trono imperial y se convirtiera en Emperador.
»Con esta idea en mente, el Emperador esperó hasta que el gran mausoleo estuvo prácticamente terminado y entonces hizo que Munnosh fuera atraído al lugar más profundo del vasto edificio y, mientras el arquitecto esperaba en una pequeña cámara subterránea lo que, según se le había prometido, sería una gran sorpresa, la Guardia Imperial lo emparedó cerrando toda el ala del piso en el que se encontraba.
»El Emperador ordenó a sus cortesanos que comunicaran a la familia de Munnosh que el arquitecto había muerto al caerle encima un gran bloque de piedra mientras estaba inspeccionando el edificio, y todos lo lloraron desconsoladamente.
»Pero el Emperador había subestimado la astucia y prudencia del arquitecto, quien desde hacía algún tiempo sospechaba que algo parecido podía ocurrir. Por ello, había hecho construir un gran pasadizo secreto que iba desde los pisos inferiores del gran palacio monumental hasta el exterior. Al comprender que lo habían dejado encerrado, abrió el pasadizo secreto y lo utilizó para salir al exterior, donde esperó a que cayera la noche para alejarse por el lago circular en el bote de uno de los trabajadores.
