»Por aquel entonces, el Emperador estaba tan cerca de la muerte que pasaba casi todo el tiempo en el gran palacio que Munnosh le había construido para tratar de desafiar a la muerte, y allí fue a donde llevaron al arquitecto.

»Cuando el Emperador lo vio y tuvo la certeza de que era su viejo arquitecto, exclamó: “¡Munnosh!, traicionero Munnosh, ¿por qué abandonaste tu mayor creación y a mí?”.

«“Porque vos me hicisteis emparedar en ella para morir, mi Emperador”.

»“Eso se hizo solo para garantizar la seguridad de tu Emperador y proteger tu buen nombre”, dijo a Munnosh el viejo tirano. “Deberías haber aceptado lo que se había hecho y dejar que tu familia te llorara con decencia y en paz. Pero en lugar de hacerlo los condujiste a un indigno exilio, solo para que ahora tengan que llorarte una segunda vez”.

»Cuando el Emperador dijo esto, Munnosh cayó de rodillas y empezó a llorar y a pedirle clemencia. El monarca extendió una delgada y temblorosa mano y dijo: “pero eso ya no ha de preocuparte, porque he ordenado a mi mejor asesino que busque a tu esposa, a tus hijos y tus nietos y que los mate antes de que puedan enterarse de tu desgracia y tu muerte”.

»Al oír esto, Munnosh, que había escondido un cincel de albañil bajo la túnica, dio un salto hacia delante y trató de matar al Emperador de una puñalada en el cuello.

»Pero antes de que el golpe llegara a su destino, Munnosh fue abatido por el jefe de los guardaespaldas del Emperador, que no se había apartado un momento del lado de su amo. El hombre que había sido antaño el jefe de los arquitectos reales quedó muerto a los pies del Emperador, decapitado por un terrible tajo de la espada del guardaespaldas.

»Pero el guardaespaldas estaba tan lleno de vergüenza por haber permitido que Munnosh llegara tan cerca del Emperador con un arma, y tan horrorizado por la crueldad que el Emperador pretendía descargar sobre la familia de su sirviente muerto —que no era más que la gota que colma el vaso, puesto que había pasado toda una vida presenciando los actos de crueldad del anciano— que asesinó a su señor y se dio muerte a sí mismo de sendos y grandes tajos de su poderosa espada, antes de que nadie pudiera hacer nada por detenerlo.



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