
»El Emperador obtuvo entonces su deseo, morir dentro del gran mausoleo palacial que había construido. Si tuvo suerte o no en engañar a la muerte es algo que nunca sabremos, pero es poco probable, puesto que el Imperio se fragmentó poco después de su muerte, y el vasto monumento que había hecho construir a tan terrible coste fue saqueado por completo antes de que hubiera transcurrido un año y no tardó en quedar abandonado, hasta tal punto que hoy en día solo se utiliza como depósito de piedra para la ciudad de Haspide, fundada varios siglos después en la misma isla, la que hoy día se llama Lago Cráter, en el reino de Haspidus.
—¡Qué historia más triste! Pero, ¿qué fue de la familia de Munnosh? —preguntó lady Perrund. Lady Perrund había sido antaño la primera concubina del Protector y seguía siendo un miembro muy apreciado de la casa del general, un miembro al que, como todo el mundo sabía, aún visitaba en ocasiones.
El guardaespaldas DeWar se encogió de hombros.
—No lo sabemos —le dijo—. El Imperio cayó, los reyes empezaron a luchar unos contra otros, los bárbaros invadieron el mundo civilizado por todas partes, llovió fuego del cielo y sobrevino una era de oscuridad que duró muchos cientos de años. Pocos detalles históricos sobrevivieron a la caída de los reinos menores.
—Pero es posible que los asesinos se enteraran de que el Emperador había muerto y no cumplieran con su misión, ¿verdad? O que se vieran atrapados en el colapso del Imperio y tuvieran que preocuparse de su propia seguridad. ¿No sería eso probable?
