Lucas dejó su taza sobre la mesa y murmuró:

– Pero me pregunto si lo haremos.

Bishop no contestó a su comentario; sólo dijo:

– Si has hecho las maletas y estás listo, ¿por qué no nos vamos?

– ¿Antes de que cambie de idea?

– Bueno, no creo que vayas a hacerlo. Como tú mismo dices, los dos entendemos de obsesiones.

– Ya. Tengo la impresión de que el FBI no sabe en qué se está metiendo en realidad.

– El tiempo lo dirá.

– ¿Y si, cuando se den cuenta, cierran la unidad?

– No permitiré que eso pase.

– ¿Sabes? -dijo Lucas con sorna-, casi te creo.

– Bien. ¿Nos vamos?

Salieron de la pequeña cafetería. Una hora después, iban en el coche alquilado de Bishop por la carretera del aeropuerto. Al principio, apenas hablaron. Casi habían llegado cuando Bishop preguntó por fin lo que sentía la necesidad de preguntar.

Con voz comedida dijo:

– ¿Por qué no puedes encontrarla?

Lucas contestó inmediatamente; era evidente que esperaba la pregunta.

– Porque no está perdida. Se está escondiendo.

– ¿Escondiéndose de mí? -Saltaba a la vista que a Bishop le costaba formular aquella pregunta.

– Sólo indirectamente. Tú sabes de quién se esconde realmente.

– Tiene miedo. Eso puedes sentirlo.

– Vagamente, a través de ti. Estuvisteis unidos en algún momento, supongo. Tu miedo por ella es el más intenso. Lo que capté de ella fue breve y muy tenue. Tiene miedo, pero es fuerte. Muy fuerte. Y segura de sí misma.

– ¿Está a salvo?

– Tanto como puede estarlo. -Luke lo miró-. No puedo predecir el futuro. Eso también lo sabes.

– Sí -repuso Bishop-. Lo sé. Pero en algún lugar hay alguien que puede.

– Entonces, espero que encuentres a ese alguien -dijo Luke mientras volvía a fijar la vista en la carretera que se extendía ante ellos-. Igual que me encontraste a mí.

Capítulo 1



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