
– Lo sé. Yo también estoy seguro, o al menos tan seguro como pueda estarlo de una corazonada. -Edgerton volvió a encogerse de hombros-. Pero tenemos otros casos atrasados y yo tengo órdenes que cumplir. La investigación sobre Meredith Gilbert queda oficialmente archivada.
– ¿Ésa es también la conclusión de los federales? -preguntó Judy, y levantó las cejas al mirar a un hombre alto y moreno que permanecía apoyado tranquilamente contra un archivador, en una postura que le permitía observar a todos los que ocupaban la sala.
El agente especial Noah Bishop negó con la cabeza una sola vez.
– La conclusión oficial del FBI es que no se ha cometido ningún delito federal. No hay pruebas de secuestro… ni de ninguna otra cosa que pueda implicar a la agencia. Y no se nos ha pedido que participemos oficialmente en la investigación. -Su voz era fría, como sus pálidos ojos grises de centinela. Lucía una media sonrisa, pero la cicatriz que zigzagueaba nítidamente por su mejilla izquierda hacía que aquella mueca resultara, más que agradable, amenazante.
– Entonces, ¿qué hace usted aquí? -preguntó con suavidad el mismo inspector de aire cansino.
– Le interesa Jordan -dijo Theo Woods-. Es eso, ¿no, Bishop? Ha venido a ver el numerito del médium. -El inspector tenía una actitud hostil, y se notaba, aunque resultaba difícil decir qué despreciaba más, si a los presuntos médiums o a los agentes federales.
El agente contestó con tranquilidad:
– He venido porque cabía la posibilidad de un secuestro.
– Y supongo que es una mera coincidencia que haya estado vigilando a Jordan como un halcón.
Con una risa suave y desprovista por completo de humor, Bishop afirmó:
– Las coincidencias no existen.
– Entonces, está interesado en él.
– Sí.
– ¿Porque dice ser un médium?
– Porque es un médium.
– Eso son bobadas y usted lo sabe -dijo Woods-. Si de verdad tuviera poderes, ya habría encontrado a esa chica.
