
– Las cosas no funcionan así.
– Ah, claro, lo olvidaba. No se puede pulsar simplemente un interruptor para obtener todas las respuestas.
– No. Por desgracia, eso ni siquiera puede hacerlo un médium auténtico y con un don especial.
– Como usted bien sabe.
– Sí. Como yo bien sé.
Edgerton, consciente tanto de la irritación que bullía en la sala como del resentimiento que al menos algunos de sus inspectores sentían hacia el FBI y sus agentes, intervino para decir con calma:
– Eso ahora no importa, al menos en lo que a nosotros respecta. Como decía, la investigación sobre el caso Gilbert queda cerrada. Hay que pasar página.
Judy mantenía la mirada fija en Bishop.
– ¿Y usted? ¿También va a pasar página? ¿Va a volver a Quantico?
– Yo -contestó Bishop- voy a hacer lo que vine a hacer aquí. -Salió de la sala sin apresurarse, tan aparentemente tranquilo y despreocupado como Lucas Jordan, tenso y reconcentrado.
– No me gusta ese tipo -anunció Theo Woods innecesariamente-. Tiene unos ojos que te taladran. Eso sí que es una mirada de largo alcance.
– ¿De veras creéis que anda detrás de Luke? -preguntó Judy a la sala en general.
Edgerton dijo:
– Puede ser. Mis fuentes afirman que Bishop está formando una unidad especial de investigación, pero no he podido averiguar por qué es tan especial.
– Santo cielo, ¿no creerás que está reuniendo a un montón de falsos médiums? -preguntó Woods, incrédulo.
– No -contestó Edgerton con una última mirada hacia el agente federal-. No creo que nada falso le interese.
Bishop supuso que las especulaciones se desatarían a su espalda en cuanto saliera de la sala de reuniones, pero, aparte de anotar mentalmente que debía añadir a Pete Edgerton a su lista creciente de policías que en el futuro podían sentirse inclinados hacia su Unidad de Crímenes Especiales, no pensó más en ello. Fue en busca de Lucas Jordan y, tal como esperaba, lo encontró en el pequeño despacho sin ventanas que le habían cedido a regañadientes.
