
– ¿Cómo puedes estar tan seguro si nunca has trabajado de otro modo?
– Porque me conozco.
– ¿Qué me dices de tu don?
– ¿Qué pasa con él?
Bishop sonrió ligeramente.
– ¿Hasta qué punto lo conoces? ¿Entiendes lo que es, cómo funciona?
– Lo entiendo lo suficiente como para usarlo.
Bishop dijo con premeditación:
– Entonces, ¿por qué no encuentras a Meredith Gilbert?
Lucas no mordió el anzuelo, pero se le crispó un poco el semblante.
– No es tan sencillo y tú lo sabes.
– Quizá debiera serlo. Quizá sólo haga falta la práctica y el entrenamiento adecuados para que un médium sea capaz de controlar y utilizar sus habilidades más eficazmente como herramientas de investigación.
– Y quizás estés desbarrando.
– Demuéstrame que me equivoco.
– Mira, no tengo tiempo para esto. Tengo que encontrar a la víctima de un secuestro.
– Muy bien. -Bishop apenas vaciló antes de añadir-: Es el miedo.
– ¿Qué?
– Es el miedo lo que captas, lo que intuyes. La señal electromagnética específica del miedo. El miedo de la víctima. Eso es lo que tu cerebro está equipado para percibir, telepática o empáticamente.
Lucas se quedó callado.
– ¿Qué es lo que captas, sus pensamientos o sus emociones?
– Ambas cosas -contestó Lucas de mala gana.
– Entonces, sientes su miedo y conoces sus pensamientos.
– El miedo es más fuerte. Más seguro. Los pensamientos, si los capto, son sólo susurros. Palabras, frases. Energía mental estática.
– Como una emisora de radio que se sintonizara y se desintonizara.
– Sí. Algo así.
– Pero es el miedo lo que primero te conecta con ellos.
Lucas asintió con la cabeza.
– Cuanto más fuerte es el miedo, más intensa es la conexión.
– Generalmente, sí. La gente se enfrenta al miedo de modos distintos. Algunos lo entierran o lo refrenan hasta tal punto que nada se escapa. A ésos, tengo problemas para captarlos.
