
¿Ya era demasiado tarde para dar la vuelta e irme? No quería hacerlo. Respirando hondo, toqué el timbre. De inmediato se escucharon pasos. Entonces abrió la puerta una mujer de cara redonda con pelo marrón entrecano.
– ¡Elena! -dijo Diane-. Mamá, llegó Elena. ¿Philip está estacionando? ¡Hay tantos autos! Todo el mundo anda de visita.
– En realidad Philip no está conmigo. Tuvo que trabajar, pero vendrá pronto.
– ¿Trabaja en domingo? Tendrás que hablar con él seriamente, muchacha. Pasa, pasa. Están todos aquí.
La madre de Philip, Anne, apareció detrás de su hija. Era diminuta. No me llegaba ni al mentón con pelo gris acerado, cortado a lo paje.
_¿Sigues tocando a la puerta, querida? dijo, levantando los brazos para abrazarme. -Sólo los vendedores tocan el timbre. La gente de la familia entra sin llamar.
– Philip llegará tarde -dijo Diane-. Está trabajando.
Anne hizo un sonido en lo profundo de su garganta y me acompañó adentro. El padre de Philip, Larry; estaba en la cocina robando dulces de una bandeja.
– Eso es para el postre, papá -dijo Anne, espantándolo.
Larry me tomó de los hombros con un brazo, en la otra mano atún tenía un dulce.
– ¿Dónde está…?
– Viene tarde -dijo Diane-. Está trabajando. Ven al living Elena. Mamá invitó a almorzar a los vecinos, Sally y Juan. -Bajó la voz: -Sus hijos están todos en el oeste. -Empujó las puertas de vaivén. -Antes de que llegaras mamá les estaba mostrando tus últimos artículos en el Focus Toronto.
