
– ¿Eso es bueno o malo?
– No te preocupes. Son muy liberales. Les encantaron tus artículos. Aquí estamos. Sally, Juan, ella es Elena Michaels, la novia de Philip.
La novia de Philip. Eso siempre sonaba extraño, no porque me molestara que me dijeran "novia en vez de “compañera" o cualquier otra ridiculez políticamente correcta por el estilo. Me llamaba la atención porque hacía muchos años que no era la novia de nadie. No tenía relaciones estables. Para mí, si duraba un fin de semana entero, ya se estaba poniendo demasiado serio. Mi única relación duradera había sido un desastre. Más que un desastre. Una catástrofe.
Philip era diferente.
Conocí a Philip unas pocas semanas después de mudarme a 'Toronto. Vivía en un departamento a pocas cuadras. Dado que nuestros edificios tenían el mismo administrador, los inquilinos del suyo tenían acceso al gimnasio y la piscina del mío. Él fue a la piscina un día después de la medianoche y al encontrarme sola me preguntó si me molestaba que nadara un poco, como si yo tuviera derecho a echarlo. A lo largo del mes siguiente nos encontramos solos allí, siempre por la noche tarde. Siempre preguntó si no me molestaba. Finalmente le dije que el motivo por el que hacía ejercicio era para no tener que preocuparme de que me atacara un extraño y que iría en contra de mi objetivo si me pusiera nerviosa su presencia. Eso lo hizo reír y se quedó después de su ejercicio y me trajo jugo de la máquina expendedora. Cuando el jugo se volvió un hábito, fue recorriendo la cadena alimentaria con invitaciones a tomar café, luego almuerzos y cenas. Para cuando llegamos a compartir el desayuno ya habían pasado seis meses del día en que nos conocimos en la piscina. Ése pudo haber sido uno de los motivos por el que me dejé atrapar, halagada de que alguien invirtiera tanto tiempo y esfuerzo en conocerme. Philip me cortejó con la paciencia de quien trata de convencer a un animal medio salvaje de que entre a la casa y, al igual que muchos descarriados, me encontré domesticada antes de que pensara en resistir.
