Todo anduvo bastante bien hasta que sugirió que viviéramos juntos. Tendría que haber dicho que "no». Pero no lo hice. Una parte de mí no podía resistir el desafío de ver si podía hacerlo. Otra parte de mí temía perderlo: era la mayor prueba de mi éxito en el intento por tener una vida normal. El primer mes fue un desastre. Entonces, justo cuando pensé que la burbuja estaba por estallar, se aflojó la tensión. Me obligué a posponer más mis Cambios, lo que me permitía hacer mis corridas cuando Philip hacía viajes de negocios o trabajaba hasta tarde. Por supuesto que no puedo decir que fui yo sola la que salvó la relación. Incluso cuando empezamos a vivir juntos, Philip fue tan paciente como cuando salíamos. Cuando yo hacía algo que haría levantar las cejas a la mayoría de las personas, Philip lo dejaba pasar con una broma. Cuando me superaba la tensión, me llevaba a cenar o a un espectáculo, para distraerme, a la vez que me daba a entender que estaba dispuesto a hablar y que lo entendería si yo no quisiera hacerlo. Al principio pensé que era demasiado bueno para ser real. Todos los días yo volvía a casa del trabajo, me detenía frente a la puerta del departamento y me preparaba por si él me había abandonado. Pero no lo hizo. Hace unas semanas empezó a hablar de buscar un lugar más grande cuando se terminara mi contrato de alquiler, incluso insinuó que un departamento en un condominio podría ser una inversión adecuada. Guau. Eso sonaba a algo permanente, ¿verdad? Me quedé conmocionada una semana entera. Pero era una forma buena de conmoción.


Era la media tarde. Los vecinos ya se habían ido. El marido de Diane Ken, se había ido temprano para llevar al menor de sus hijos al trabajo. La otra hermana de Philip, Judith, vivía en Inglaterra y tuvo que conformarse con una llamada telefónica después del almuerzo y habló con todos, incluso conmigo.



16 из 386