
Cuando estábamos lavando los platos sonó el teléfono. Anne atendió en el living. A los pocos minutos me vino a buscar. Era Philip.
– Lo siento cariño -dijo, cuando atendí-. ¿Mamá está enojada?
– No lo creo.
– Bueno. Le prometí llevarla a cenar otro día.
– ¿Vendrás?
Suspiró.
– No voy a llegar. Diane te llevará a casa.
– No hace falta. Puedo tomar un taxi o el…
– Ya no -dijo-. Ya le dije a mamá que le pidiera a Diane. Ya no te dejarán irte sin acompañante. -Hizo una pausa. -Realmente no quise abandonarte. ¿Estás sobreviviendo?
– Muy bien. Todos me tratan muy bien, como siempre.
– Me alegro. Volveré a casa a las siete. No prepares nada. Compraré comida hecha. ¿Caribeña?
– No te gusta la comida caribeña.
– Estoy castigado. Te veo a las siete. Te quiero.
Cortó antes de que pudiera decir nada.
– Tendrías que haber visto los vestidos -decía Diane mientras me llevaba a mi departamento-. Horribles. Como bolsas con agujeros para los brazos. Los diseñadores deben pensar que paracuando necesitan un vestido de madre de novia a las mujeres va no les importa cómo se ven. Encontré un vestido azul marino hermoso probablemente pensado para la nueva esposa joven del padre de la novia, pero la cintura era demasiado ajustada. Pensé en no comer una semana para poder usarlo, pero no. Es cuestión de Principios. Ya tuve tres chicos, me gané esta panza.
