sueños de mi futuro, sueños mediocres y ordinarios de tener un hogar, una familia, una carrera y, por sobre todo, estabilidad. Nada de eso era posible siendo mujer loba.

Yo me crié en hogares adoptivos. Malos hogares adoptivos. Como de niña no había tenido una familia, estaba decidida a crear una.Al convertirme en licántropo, se liquidaron esos planes. Pero aunque no pudiera tener marido e hijos, eso no quería decir que no pudiera cumplir parte de aquel sueño. Estaba haciendo carrera en el periodismo. Tenía un hogar en Toronto. Y estaba formante una familia, aunque no una familia tradicional, con Philip. Hacía suficiente tiempo que estábamos juntos como para que empezara a pensar que era posible lograr un poco de estabilidad. Me sentía muy afortunada de haber encontrado a alguien tan normal y buena persona como Philip. Yo sé que soy difícil, temperamental, discutidora, para nada la clase de mujer que le interesaría a Philip. Por supuesto que no me comportaba así con Philip.

Ocultaba esa parte de mi -la parte de mujer loba-, con la esperanza de poder ir deshaciéndome de ella, como si fue librarme de una piel vieja. Con Philip tenía la oportunidad de reinventarme, convertirme en la clase de persona que él cree que soy. Que por supuesto es exactamente la clase de persona que yo quiero ser.

La Jauría no entendía por qué elegí vivir entre humanos. Las reacciones iban desde la exasperación y la sonrisa, como si fuera una adolescente en medio de un estallido rebelde, hasta la creencia de que me infligía un autocastigo al vivir con una especie inferior. No podían entenderlo porque no son como yo. Primero, yo no nací mujer loba. La mayoría de los licántropos sí, o al menos llevan la sangre en sus venas al nacer y viven su primer Cambio cuando maduran. La otra manera de convertirse en licántropo es ser mordida por uno de ellos.



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