Desde que me mordieron, estaba bajo la protección de la Jauría. Toda sociedad tiene su clase dominante. En el mundo de los licántropos, es la Jauría. Por motivos que no tenían nada que ver conmigo y sí con el estatus del licántropo que me mordió, yo fui parte de la Jauría desde el momento en que me convirtieron. Me fui hace un año. Me separé de ellos y no iba a volver. Dada la opción entre ser humana y mujer loba, elegí ser humana.


Philip trabajó hasta tarde al día siguiente. Esperaba su llamada diciendo que llegaría tarde, cuando entró al departamento con la cena.

– Espero que tengas hambre -Dijo, dejando una bolsa de comida india sobre la mesa de la cocina.

Estaba hambrienta a pesar de haber comido dos salchichas en un puesto callejero camino a casa. Eso me había reducido el hambre, de modo que ahora bastaría con una cena normal. Otro de los millones de trucos que había aprendido para acomodarme a la vida humana.

Philip habló de su trabajo al sacar las cajas de la bolsa y poner la mesa. Corrí mis papeles a un lado para permitirle colocar mi plato y cubiertos. A veces puedo ser así de amable. Incluso cuando la comida ya estaba en mi plato, logré resistirme un segundo a comer, mientras escribía la línea final del artículo en el que trabajaba. Luego hice a un lado el papel e hinqué el diente.

– Me llamó mamá al trabajo -dijo Philip-. Se olvidó de preguntarte ayer si la ayudarías a organizar la fiesta de despedida de soltera de Becky.

– ¿De veras?

Escuché el tono de felicidad en mi voz y me sorprendí. Organizar una fiesta no era motivo para entusiasmar demasiado a nadie. Pero tampoco nadie me había invitado a hacerlo antes. Ni siquiera me habían invitado nunca a una fiesta como ésa, salvo mi compañera de trabajo, Sará, pero ella había invitado a todas sus compañeras de la oficina.



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