
Philip trabajó hasta tarde al día siguiente. Esperaba su llamada diciendo que llegaría tarde, cuando entró al departamento con la cena.
– Espero que tengas hambre -Dijo, dejando una bolsa de comida india sobre la mesa de la cocina.
Estaba hambrienta a pesar de haber comido dos salchichas en un puesto callejero camino a casa. Eso me había reducido el hambre, de modo que ahora bastaría con una cena normal. Otro de los millones de trucos que había aprendido para acomodarme a la vida humana.
Philip habló de su trabajo al sacar las cajas de la bolsa y poner la mesa. Corrí mis papeles a un lado para permitirle colocar mi plato y cubiertos. A veces puedo ser así de amable. Incluso cuando la comida ya estaba en mi plato, logré resistirme un segundo a comer, mientras escribía la línea final del artículo en el que trabajaba. Luego hice a un lado el papel e hinqué el diente.
– Me llamó mamá al trabajo -dijo Philip-. Se olvidó de preguntarte ayer si la ayudarías a organizar la fiesta de despedida de soltera de Becky.
– ¿De veras?
Escuché el tono de felicidad en mi voz y me sorprendí. Organizar una fiesta no era motivo para entusiasmar demasiado a nadie. Pero tampoco nadie me había invitado a hacerlo antes. Ni siquiera me habían invitado nunca a una fiesta como ésa, salvo mi compañera de trabajo, Sará, pero ella había invitado a todas sus compañeras de la oficina.
