Philip sonrió.

– ¿Aceptas? Bien. A mamá le dará gusto. Le encanta esa clase de cosas.

– No tengo mucha experiencia en el asunto.

– No importa. Las damas de honor de Becky van a hacer la despedida principal, así que ésta va a ser una pequeña, limitada a la familia. Bueno, no exactamente pequeña. Creo que mamá piensa invitar a todos los parientes que tenemos en Ontario. Conocerás a todos. Estoy seguro de que mamá ya les habló a todos de ti. Espero que no te abrume.

– No – Dije-. Me encanta.

– Seguro. Eso lo dices ahora, antes de haberlos conocido.


Luego de la cena, Philip bajó al gimnasio para hacer ejercicios de reducción de peso. Cuando trabajaba en su horario normal, le gustaba hacer ejercicio temprano e irse a la cama temprano, porque admitía que se estaba volviendo demasiado viejo para sobrevivir con cinco horas de sueño por noche. El primer mes que vivimos juntos yo lo acompañé en sus ejercicios. No me resultaba fácil mostrar que me costaba mover cincuenta kilos cuando podía hacer cinco veces más. Entonces llegó el día en que estaba tan enfrascada en la conversación con un vecino que no me di cuenta de que estaba manejando un aparato con una carga de treinta kilos con una mano y hablando tan tranquila como si bajara una cortina… Cuando vi que el vecino miraba mis pesas, comprendí que había metido la pata y lo cubrí con alguna tontería acerca de que la máquina estaba mal calibra. A partir de allí volví a mi hábito de hacer ejercicio entre la media noche y las seis, cuando el gimnasio estaba vado. Le dije a Philip algo acerca de aprovechar el segundo aire a la noche tarde. Lo aceptó, como tantas otras cosas. Cuando él trabajaba hasta tarde, íbamos a nadar y correr juntos, como lo hacía cuando nos conocimos. Si no, él iba solo.



22 из 386