
Todo está tranquilo. Me adelanto ahora, poniendo el peso sobre los talones para apagar el sonido de mis uñas. Pronto estoy a pocos metros. Puedo oler su colonia, que casi tapa el olor natural de un largo día de trabajo. Puedo ver sus medias blancas que aparecen y desaparecen entre el borde del zapato y el borde de las piernas del pantalón. Oigo su respiración, el ritmo ligeramente aumentado que revela que camina más rápido que lo habitual. Me deslizo hacia delante, lo suficientemente cerca como para abalanzarme y lanzarlo al suelo antes de que pueda tomar el arma.
Su cabeza se alza. Sabe que estoy aquí. Que hay algo aquí Me pregunto si se volverá. ¿Se atreverá a mirar, a enfrentarse a algo que no puede ver ni oír, sino sólo intuir? Su mano va hacia el arma, pero no gira. Camina más rápido. Y luego sale a la seguridad de la calle.
Lo sigo hasta el final y observo desde la oscuridad. Avanza con las llaves en la mano hasta un patrullero estacionado, abre y se mete dentro. El auto ruge y sale chillando. Miro las luces que se alejan y suspiro. Se acabó el juego. Gané.
Fue bueno, pero ni de lejos suficiente para satisfacerme. Estas calles laterales son demasiado estrechas. Mi corazón late con una excitación que no logré descargar. Mis piernas duelen de tanta energía contenida. Debo correr.
Del sur viene un soplo de viento que trae el fuerte olor del lago Ontario. Pienso en dirigirme a la playa, me imagino corriendo por la arena, sintiendo el agua helada en mis patas, pero no es seguro. Si quiero correr; debo ir al barranco. Queda lejos, pero no tengo opción a menos que quiera quedarme rondando callejones con olor a humano por el resto de la noche. Giro al noroeste e inicio el viaje.
Casi media hora más tarde estoy parada en la cima de una colina. Mi nariz se mueve, registrando los vestigios de una fogata de hojas en un patio cercano. El viento me agita la piel, frío, vigorizante. Arriba, el tráfico pasa como un trueno por el viaducto elevado. Debajo está el santuario, un oasis perfecto en medio de la ciudad. Me lanzo hacia adelante. Por fin estoy corriendo.
