
– Pero, ¿tienes la convicción de que esto guarda relación con la meteorología?
No respondí. Y cuando regresamos a la cabina, Anatoli expresó una idea completamente descabellada:
– ¿No podrían ser habitantes del continente polar desconocidos para la ciencia?
– Brillante idea -le dije-. Tiene el espíritu de Conan Doyle. Exploradores valientes descubren un mundo perdido en la meseta antártica. ¿Y quién es Lord Roxton? ¿Tú?
– No digas sandeces. Propón tu hipótesis, si acaso la tienes.
Yo, ofendido, expuse la primera cosa que me vino a la mente:
– Yo diría que es más bien un aparato cibernético.
– ¿De dónde?
– ¡Oh! De Europa o de los Estados Unidos. Alguien lo inventó y ahora lo está probando aquí.
– Pero, ¿con qué propósito?
– Digamos que con el propósito de utilizarlo a modo de excavadora, ya sea para extraer tierras como para levantar cargas pesadas. La "Jarkovchanka" era un objetivo ideal para el experimento. Esa es la razón por la cual ellos la sacaron de la grieta.
– Pero, ¿qué sentido tiene la duplicación?
– Tal vez emplearon ciertos ingeniosos mecanismos desconocidos por nosotros para la reproducción de cualquier estructura atómica, tanto albuminoidea como cristalina.
– Sí, pero, ¿cuál es el propósito? ¿Cuál es la idea? Yo no comprendo…
– De acuerdo con los datos de Baudouin, un cerebro no muy desarrollado es capaz de comprender cerca del 75 por ciento de lo que comprendería una persona normal. Te dejaré comparar y pensar; yo esperaré. Existe además otro elemento fundamental de la hipótesis.
Anatoli estaba tan ansioso de comprenderlo todo, que se tragó sumiso todos los tantos por ciento de Baudouin.
– Me rindo -dijo-. ¿Cuál es ese elemento?
– La duplicación -afirmé-. Cuando hablabas del autohipnotismo, estabas en el camino de la verdad; pero sólo en el camino, pues la verdad se encontraba en dirección opuesta a la tuya y en otra ruta.
